¿Qué hacer con los berrinches y protestas a los dos años de edad?

Ningún adulto puede anticiparse y estar preparado para el shock que genera la demostración violenta de enfado que pueden experimentar los niños a muy temprana edad. Llantos descontrolados, gritos, golpes y vueltas por el suelo hacen parte de la escena de los berrinches que bien pueden llevar a los adultos hacia el pánico.

Muchas personas suelen encasillar a este acto dentro de la histeria y la describen como una respuesta conductual frente a un evento de tensión psíquica y emocional, que se manifiesta con llantos, lágrimas, agresión y desinhibición de la actividad motora. Esto último lo vemos cuando el niño patea objetos cercanos, rueda en el  suelo o se retuerce mientras golpea con sus manos todo aquello que se encuentre en su camino.

Es importante que los padres puedan observar realmente lo que está sucediendo con el infante y no se centren únicamente en el comportamiento del mismo. Primeramente hay que poder diferenciar e identificar las causas.

Causas de berrinches

El origen de este comportamiento puede estar influido por múltiples factores, no tiene un único desencadenante ya que el berrinche en sí mismo es una especie de manifestación o síntoma de un evento subyacente. 

Podemos entonces agrupar algunos de estos factores en diversos grupos:

Arrebatos por sobrecarga

Los niños de corta edad suelen tener tiempos más prolongados de sueño, pueden agotarse, agobiarse y cansarse de una manera más rápida que el adulto. Por eso, en algunos casos, el comportamiento histérico temprano puede ser un signo de fatiga emocional tanto como física. En estos casos los factores en juego radican en la falta de sueño, incapacidad de descanso, un ambiente hostil, hambre, sobrecarga de cuidados y exigencias.

Rabietas propias de la etapa de desarrollo

En cierta forma, algunos eventos de enfado son propios de la edad temprana. Después de todo, el niño solo está aprendiendo a descubrir y transitar el mundo que le acompañará el resto de su vida y muchas veces las situaciones impuestas no son las que uno desea, quiere o anhela. Esto acontece principalmente entre los dos o tres años de edad, cuando el niño comienza a entender que él es un individuo y se prepara para exponer activamente sus sentimientos ante el mundo de los adultos.

Falta de habilidades personales

La autorregulación es algo que se va adquiriendo a lo largo de la vida. Incluso a muchos adultos les es imposible tener cierto grado de autocontrol. Centrándose en el niño hay que aclarar que su cerebro todavía no está en su máximo esplendor del desarrollo y poco a poco irá aprendiendo a regular sus emociones. Mientras tanto, todo este tipo de actitudes será una manera de gestionar sus emociones. Los padres, por lo tanto, tendrán que acompañarle en el proceso mostrándose como un centro de estabilidad y confianza capaz de resistir la oleada de reclamos pero a la vez servir de eje y sostén.

Rabias que esconden heridas

Entre otras posibilidades ya un poco menos frecuentes, se encuentra el berrinche que esconde algún tipo de herida. Niños que se han expuesto tempranamente a situaciones extremas pueden cursar en esta categoría. En estos casos, conseguir una auto-regulación de los sentimientos es más difícil. Generalmente estos episodios pueden cursar con hiperactividad como con hipo actividad. En el último caso, el niño puede no querer moverse, hablar y ni comunicarse.

Berrinches manipuladores

¿Cada vez que el pequeño protesta recibe lo que pide?  Esta es una actitud peligrosa por parte de los padres que buscan evitar el sofoco de las miradas ajenas cuando el niño empieza a gritar y patalear en un lugar público. Los padres deben aprender a gestionar las emociones del hijo y a resistir la sensación incómoda que puede generar la mirada acusadora de la persona que observa.

¿Qué pueden hacer los padres para analizar la situación?

Primeramente es necesario hacer una pausa y preguntarse a sí mismo. ¿Es un berrinche común? ¿Me afecta más que a otros padres? ¿Estoy siendo demasiado  exigente? A veces los padres simplemente no saben gestionar los momentos tensos normales de la crianza de un niño y simplemente entran en pánico.

En segundo lugar se puede analizar la carga de actividades que sobrelleva el niño. ¿Duerme lo suficiente? ¿Realiza actividades? ¿Se puede alimentar adecuadamente?  ¿Tiene un sitio y oportunidad para jugar?

En tercer lugar, es una buena idea escribir un diario con las características que vemos en nuestro hijo. Se puede apuntar qué situaciones suelen desencadenar el berrinche, cómo se comporta en cada uno, qué patrones sigue, el tiempo que permanece en ese estado y cómo actúa luego de él.

¿Qué pueden hacer los padres durante el episodio?

En primer lugar, mantener la calma. Una actitud frenética y encolerizada solo puede agravar las cosas. La respiración es importante a la hora de mantener la calma. No va a quitar la sensación de ansiedad, pero al menos permite que no se acreciente. Los niños captan todas nuestras emociones y se guían por ellas, mantener la calma envía una fuerte señal de sostén y templanza que ayuda a apaciguar al niño.

En segundo lugar, hablar (si es posible) con él. Explicarle en palabras simples que uno entiende lo que siente. Asegurarle que a veces es normal experimentar este tipo de emociones. Incluso demostrarle qué sabe perfectamente cuál es la causa.

En tercer lugar, si es posible, tratar de llevarlo a un lugar lejos de la mirada del público donde puedan estar ambos mientras dure el episodio evitar culparlo. Determinar si quiere o no un abrazo antes de darlo, ya que en muchos casos el mismo acto frenético del berrinche hace que el mismo se sienta como una molestia. Por lo tanto, es mejor primer hablar demostrando calma.

En cuarto lugar, evitar ceder ante el capricho. Por muy fuerte que llore y grite (siempre y cuando estemos frente a un capricho real) no caer ante la tentación de ceder. Este punto debe ser gestionado de manera responsable, ya que si por ejemplo, el niño pide que lo levanten porque le duele alguna parte de su pierna y no puede caminar bien, lo mejor es hacerlo. Esto no es un capricho, es una necesidad. Hay que estar suficientemente despabilados para entender qué cosas pueden ser un capricho y qué otras pueden representar una real necesidad.

En quinto lugar, luego de pasado el episodio, se puede hablar con él sobre el mismo. Explicar brevemente por qué sucedió lo que sucedió y cómo en la vida a veces las frustraciones suceden. Pero no extenderse demasiado en la explicación, porque generalmente uno deja de ser escuchado. A su vez, escuche lo que el niño tiene para decir y permítale expresar sus sentimientos.

En conclusión, las frustraciones son parte inherente de nuestra vida. Y cuánto más tempranamente aprendemos a gestionarlas, mejor podremos enfrentar nuestras adversidades en el futuro. Recordemos que incluso hay adultos en nuestra sociedad que no son eficientes a la hora de auto gestionar sus sentimientos. Estas situaciones serán un gran pilar para el desarrollo de la autoestima, la autopercepción y la tolerancia al fracaso que puede abrir el camino a lo nuevo.

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